martes, 27 de enero de 2015

De los nomadismos aberrantes a los vestigios nómadas. Una exploración sobre los propósitos discursivos en la obra de Adrián Washco

                                                                 ¿Hemos de cerrar voluntariamente la puerta a la inmigración
europea que llama con golpes repetidos para poblar nuestros desiertos,
y hacernos, a la sombra de nuestro pabellón, pueblo innumerable como
las arenas del mar? ¿Hemos de dejar, ilusorios y vanos, los sueños de
desenvolvimiento, de poder y de gloria, con que nos han mecido desde
la infancia, los pronósticos que con envidia nos dirigen los que en
Europa estudian las necesidades de la humanidad? Después de la
Europa, ¿hay otro mundo cristiano civilizable y desierto que la
América? ¿Hay en la América muchos pueblos que estén, como el
argentino, llamados, por lo pronto, a recibir la población europea que
desborda como el líquido en un vaso? ¿No queréis, en fin, que
vayamos a invocar la ciencia y la industria en nuestro auxilio, a
llamarlas con todas nuestras fuerzas, para que vengan a sentarse en
medio de nosotros, libre la una de toda traba puesta al pensamiento,
segura la otra de toda violencia y de toda coacción?
¡Oh! ¡Este porvenir no se renuncia así no más!

Domingo F. Sarmiento
7 de abril de 1851

Al escudriñar dentro del los intereses temáticos de la extensa producción (tanto pictórica, instalativa así como de video) de Adrián Washco, a lo mejor podríamos pensar que los argumentos de desplazamiento, desterritorialización y migración así como sus consecuencias son en gran medida la preocupación del artista, lo cual se traduce en una basta producción que va desde sus primeras obras de carácter neoexpresionista (inicios de 1998) hasta sus trabajos más actuales de corte conceptual como sus videos “Historias Septentrionales” (4min.09seg; 2005) o “Embajadas Implícitas” (5min. 31seg; 2004) o “A-Mar” (1min. 19seg; 2010).




Al parecer, una vez que proponemos un análisis que diste de la cronología de su producción y parta más bien desde sus intereses discursivos, podríamos rastrear más eficazmente lo que a lo largo de todo su trabajo reiteradamente se vuelca a una preocupación por el carácter traumático que deja el modelo migratorio. Todo ello visibilizado en su obra: en algunos casos a manera de denuncia (“Recolonización 4” del 2004; “Casa Abandonada”, 2001) en otros con un tono más irónico (“Urbanismos Nómadas”, 2001; “La Era de la Simulación”, 2004; “Alter Ego”, 2009) y en otros incluso usado un formato deconstructivo (“Espejismo”, 2000; “Caminantes”, 1999; “De bordes”, 2006).




La tarea discursiva, una vez que se decodifica la semiótica e iconografía en cada uno de sus trabajos (sobre todo los pictóricos) es dialogar desde la cultura del desplazamiento (emigración-inmigración) no es gratis que -explorando la historia antigua[1]- en la Revolución Neolítica  marcada por el desarrollo de la agriCULTURA, sea únicamente esta la que frene el nomadismo y permita una forma de vida sedentaria, con el consiguiente mejoramiento en lo que podemos denominar un estilo de vida (sólo el ocio una vez que se supera la necesidad diaria de alimento a través de la  caza, es el que lleva a la humanidad a interesarse por el arte, la religión y en general todo lo que podríamos englobar dentro de lo cultural).




Entonces en el trabajo de Washco existiría un anhelo implícito al discutir nuevamente desde la cultura y el arte, es decir desde sus obras ya que solamente la CULTURA puede frenar nuevamente esa migración de tonalidad brutal (la mayoría de carácter económico) que se ha tornado en el pan de cada día de países que como el nuestro, países mal llamados del tercer mundo en donde el modelo económico ha marcado estos procesos de huida de sus ciudadanos en búsqueda de mejores días para sus familias.[2]

Es así que en obras como “Horizontes Lejanos” (2001), “Caminantes” (1999) o “Casa Abandonada” (2001) entre otras; el principal interés del artista es evaluar el flujo migratorio no desde su frío carácter cuantitativo, en donde el migrante es un número más, sino desde su desarrollo cualitativo, pero sobre todo desde sus consecuencias a nivel familiar, social, económico y los rezagos psicológicos que dejan la separación traumática tanto de los familiares como del migrante.



Sin embargo, lo que más llama la atención de su trabajo es ese análisis sobre los problemas de identidad que el migrante adquiere, en una suerte de antropología migratoria el artista explora todo ese entramado psicológico que permite que el visitante-migrante consiga un bagaje cultural foráneo que usualmente es introducido (gracias a la imitación) al entorno familiar y luego al país, así como también esa aculturación que también genera luchas por una búsqueda de mantener la identidad la cual al estilo de embajadas (para dialogar con sus mismas palabras), son mini territorios ecuatorianos que se apropian de un país con costumbres totalmente diferentes a las nuestras. Es así como en el video-arte “Embajadas Implícitas” (5min. 31seg; 2004) canchas del ecuavóley[3] son dibujadas en un cuerpo femenino, tal como cuando uno coloniza el territorio, se adueña del espacio y remarca los límites en las canchas de ecuavóley las cuales demarcan los bordes en donde el migrante se adueña de un cuerpo que no es el suyo y marca su territorio con sus costumbres[4].

Es que la temática surge de manera natural, ya que Cuenca (lugar de residencia del artista) es uno de los lugares en donde más ha calado el fenómeno migratorio disparando el debate a un tono más amplio cuando en calidad de mochilero el artista decide viajar por toda Sudamérica, lo cual como efecto consiguiente desplaza su interés a temas que tienen que ver con una realidad Latinoamérica y sus problemas de bordes y fronteras, (“De bordes” 2006) así mismo le permite observar la reiterada incidencia de los inconvenientes que acechan a todos los países latinoamericanos, contrariedades que como la neocolonización en forma de inmigración, son el pan de cada día de gran parte de estos países, todo ello reflejado en una serie que denuncia la recolonización siendo uno de los ejemplos más sólidos (“Recolonización 4”,2006).





Además encontramos una serie de apropiaciones (de Da Vinci, de Velásquez de Rubens, entre otros) que siendo más intimistas hablan de la identidad del mismo artista y cómo esa identidad se presenta en un panorama cartográfico extenso que se persigue como híbrido, referencial y simbiótico frente a la cultura impuesta de un occidente hegemónico (serie “Identidad I,II, III y IV”).

Y en verdad lo que se manifiesta entre líneas en gran parte de su obra no sólo es una denuncia social sobre el tema; sino también es un intento por descifrar los códigos que encierra el migrante en su afán por desplazarse; tal como lo reseñaba Toni Negri; la movilidad resulta ser un nivel revelador de lucha, que se enfrenta al estatismo del Estado, así mismo en Foucault el famoso Panóptico como sistema de poder y de control hegemónico se perfila gracias al sedentarismo de su población, mientras que en la migración de masas, resulta imposible tal control.

Por tanto los flujos y en este sentido los flujos migratorios; son ante todo resistencia, fluir nos diría Zygmunt Bauman en su “Modernidad Líquida”; nos asegura es la única manera de no ser atrapado, mientras el sólido, lo rígido, lo fijo, se lo puede coger con las manos, el líquido se desplaza y es imposible agarrarlo en ellas.

Es así que mientras que el Estado trata de extender su territorio, ampliando sus bordes, para Deleuze y Guattari la máquina de guerra nómada se desplaza por espacios abiertos en donde son inaceptables las jerarquías así como la  centralidad del poder; por lo que en toda la producción de Washco se encuentra omnipresente el juego de resistencia de la multitud contra el imperio.



Hernán Pacurucu C.
Crítico y curador independiente



[1] Hace 9000 años.
[2] A lo largo de toda la sierra ecuatoriana existe varios pueblos pobres en donde la mayoría de sus hombres jóvenes  han viajado sobre todo a EEUU, España e Italia, dejando a pueblos enteros solo con mujeres y ancianos.
[3] Un juego netamente ecuatoriano que nace del vóley internacional, pero adaptado a las posibilidades tanto económicas como culturales del país.
[4] Recordemos que el ecuavóley, o vóley ecuatoriano es importante no sólo el juego mismo sino todo el contexto, ya que es un juego de fin de semana en donde las apuestas son importantes así como toda la comida y la bebida que se gestan a su alrededor, si bien el juego está bastante popularizado en todas las clases sociales sus orígenes y su popularidad está dada en la clase obrera.

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